sábado, 6 de junio de 2015

Zoar y Kukas en Son Futuro



SON FUTURO, programa educativo de la Sinfónica de Galicia, ha celebrado el el Teatro Rosalía Castro una serie de conciertos didácticos con el título A frauta máxica no maxín, que el viernes 5 ha finalizado, como es costumbre, con un ‘concierto en familia’, abierto al público. Se trata de un espectáculo musical de teatro y títeres basado en el singspiel de Mozart Die Zauberflöte (La flauta mágica), con producción de Os Monicreques de KUKAS y música a cargo del quinteto de viento Zoar Ensemble.

Zoar Ensemble
Foto, Cris Andina
A frauta máxica no maxín fue estrenada en enero, en la sala de cámara del Palacio de la Ópera de A Coruña, por ‘Ópera en familia’, la actividad dirigida a los más pequeños por la Temporada Lírica de A Coruña, que organizan Amigos de la Ópera y el Consorcio para la Promoción de la Música. Transcribo el texto que escribí sobre aquel concierto para el diario El País, que no pudo publicarse en su momento y que, salvo alguna puntualización, sigue siendo válido para esta ocasión, incluido titular y subtítulo.

En busca de nuevos aficionados a la ópera 
Gran calidad desde el punto de vista teatral y musical en el espectáculo de Kukas y Zoar

 La sala de cámara presentaba un lleno absoluto y a la hora de comienzo de la función hubo incluso varias personas que no lograron asiento. La algarabía habitual cedió paso al silencio cuando, en una breve introducción teatral, se encendieron las luces del escenario e hizo su aparición el personaje de Mozart, recibiendo a Emanuel Schikaneder, el libretista de La Flauta, quien le ofrece su trabajo. Todo ello, con el punto de comicidad e  histrionismo imprescindible para captar eficazmente la atención de los más pequeños.

La interpretación de la obertura por Zoar Ensemble fue recibida con aplausos
Jorge Casas como Mozart-Narrador
Foto cedida por Zoar Ensemble
porel público infantil, que siguió vivamente una trama bien actuada por Jorge Casas (Mozart) y los títeres de hilos de Kukas. El movimiento escénico fue lo suficientemente bien diseñado y actuado para mantener la atención captada; y  Casas, que cuajó una gran actuación como Mozart y como narrador, supo hacer crecer la comunicación con el público infantil. Un público difícil, que a la mínima puede “irse del partido” pero que se entrega cuando, como el domingo en el palacio de la Ópera, se le da un espectáculo de calidad.

Y calidad hubo tanto desde el punto de vista teatral como,  muy notablemente, desde el musical y los componentes de Zoar –Álex Salgueiro, fagot; David Villa, oboe; Antonio Suárez, clarinete; Juan Ibáñez, flauta, y Benjamín Iglesias, trompa– tocaron con el rigor y entrega que los caracteriza.  Su implicación en la función les llevó a interactuar con Casas en más de una ocasión e incluso a hacerlo en un simpático desfile por el escenario tocados con unas graciosas y expresivas caretas de papel a modo de gorros. Un modo particularmente apropiado de trabajar gozando y haciendo gozar de los arreglos de Joachim Linckelmann, Guido Schäfer y el propio Álex Salgueiro sobre la música de Mozart.

Papageno-Papagena de Kukas
Foto cedida por la OSG
El espectáculo solo tuvo un pero: la decisión de Papageno de ahorcarse cuando se cree abandonado por Papapagena es realmente inapropiada para el público infantil. La presencia de la horca en la que se iba a suicidar y el texto que se hace leer al narrador provocaron la pregunta de muchos niños, la estupefacción de sus padres y la turbación de más de uno de estos. Un detalle perfectamente prescindible para este público como, por otra parte, tantos otros pasajes musicales y dramáticos que fueron suprimidos para la ocasión”.

Sobre la función del viernes 5 en el Rosalía, cabe comentar que Zoar Ensemble mantuvo la calidad musical y que tanto Jorge Casas como los títeres de Kukas hicieron lo propio con su trabajo. Pero también hay que añadir que el ámbito de un teatro a la italiana hace perder gran parte de la comunicación lograda en la sala de cámara del Palacio de la Ópera. Esto, que sucede en parte por la distancia, es agravado por la total ausencia de iluminación en la platea, que divide el teatro en dos ámbitos, uno para los intérpretes y otro para el público. 

Esto es algo que prácticamente impidió la interacción entre el actor y los niños, base del teatro de títeres para niños y que abundó en la representación de enero en el Palacio de la Ópera. Tanto que mientras en éste fueron aplaudidas todas y cada una de las intervenciones de ZOAR –desde la obertura a la conclusión-, el único aplauso que sonó el viernes en el Rosalía fue -y más corto de lo merecido por músicos y titiriteros- al finalizar la representación.


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