lunes, 18 de abril de 2016

La viola enhiesta






Jordi Savall
Desde la primera actuación de Jordi Savall en el Festival Mozart, adonde llegó de la mano de Antonio Moral, a nuestros días han pasado años; muchos. En este tiempo, su saber hacer como investigador ha seguido creciendo en paralelo a su fama y reconocimiento internacional. Más reciente es su sonada renuncia al Premio Nacional de Música 2014, que puso en evidencia su oposición a la política cultural del Gobierno de España por la falta de apoyo a los proyectos culturales en general y a los suyos en particular; algo que el propio Savall manifestó en la carta que con tal motivo dirigió al entonces ministro de Cultura y hoy embajador de España ante la OCDE, José Ignacio Wert.

El martes 12 de abril fue protagonista del concierto celebrado dentro del ciclo de cámara que organizan conjuntamente el Consorcio para la promoción de la Música y la Sociedad Filarmónica de A Coruña. Junto al percusionista Frank McGuire, ofreció un repertorio anunciado en el programa de mano, literalmente, como

La viola céltica
EL HOMBRE Y LA NATURALEZA
En las tradiciones irlandesas y escocesas de Europa y América

El concierto estuvo compuesto íntegramente por música de origen escocés e irlandés, incluyendo obras tradicionales de los siglos XVII al XX (todos). Desde The musical humours de Tobias Hume a recopilaciones de la Costa Este y del Medio Oeste de los Estados Unidos. Un total de siete conjuntos de piezas de raíz celta-británica; y de tan gran enorme coherencia estilística que rayó en la monotonía

Jordi Savall con viola soprano

A estas alturas –he dejado pasar cinco días para filtrar sensaciones y recuerdos y confrontarlos con las notas tomadas durante el concierto- aún no sé si la causa de esta sensación radica en el programa o en la interpretación. Me explico para que se me entienda y lo hago poniendo por delante mi absoluto respeto por Savall, a quien considero un maestro en su especialidad. Su técnica instrumental es apabullante -literalmente, tanto en la primera como en la segunda acepción de apabullar en el Diccionario de la Lengua Española, edición del tricentenario- y su dominio de los diferentes tipos de violas es indiscutible.

Durante el concierto utilizó una Lyra-viol -viola de gamba baja de 7 cuerdas- construida por Barak Norman (Londres, 1697) y una viola soprano de 6 cuerdas de Nicolas Augustin Chappuy (París, ca. 1750). El sonido que Savall extrae de sus instrumentos es de una enorme belleza. Muy especialmente, por su redondez y dulzura,  el de la viola soprano, también “viola de gamba”, pues también este instrumento se toca en vertical, sujeto entre las piernas.


Jordi Savall durante una conferencia

Hubo momentos en el concierto, especialmente los procedentes de canciones tradicionales, en los que el sonido mecía al auditorio, declarando su origen lírico. En cualquier caso, se echaba en falta el apoyo de algún instrumento de cuerda pulsada, como la tiorba o el arpa, casi el mínimo indispensable entre los que a veces se hace acompañar el maestro catalán. Y las piezas de danza, apoyadas por el ritmo casi hipnótico del bodhran de McGuire, llevaron a más de un aficionado a una especie de exraño trance de un inquieto adormecimiento. Bastante alejado por cierto del movimiento inevitable de pies, elevación o giro que se siente en otras piezas de origen danzante. Y es que el esquema mismo de las suites y su ejecución fueron absolutamente previsibles: pieza lenta iniciada por la viola, incorporación del bodhran, sucesión ordenada de aire lento- rápido-lento-rápido y remate en accellerando ¿durante 8 o 16 compases? hasta el esperado y brusco frenazo final.

El concierto contó con el habitual apoyo que prestan a los proyectos de Jordi Savall el Departament de Cultura de la Generalitat de Cayalunya y el Institut Raimón Llull.


martes, 5 de abril de 2016

Trazos como puños



O verdades como tales. La obra que David Arteagoitia (Bilbao, 1980) expone en la sala de exposiciones del CIEC (Centro Internacional de la Estampa Contemporánea) de Betanzos está vertebrada por la verdad. Esa verdad sencilla del trazo con toda la espontaneidad de este, pero también con toda la carga técnica que conlleva la sencillez. La falsa facilidad de los verdaderos maestros.

David Arteagoitia

Arteagoitia es maestro por cargo y por oficio: por cargo, como profesor de grabado y serigrafía en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco. El oficio, ese largo camino interminable para un verdadero artista, lo ha ido adquiriendo como es debido: con el paso del tiempo y la atención a sus maestros, a sí mismo y a sus alumnos. Desde sus inicios con Chema Eléxpuru y en sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, en Florencia, o allá donde desde entonces ha acudido “a nutrirse” de sabiduría gráfica. El recorrido incluye Fuendetodos, la Fundación Casa Falconieri o los cursos de maestros bien conocidos por estos y otros lares como Ana Soler, Don Herbert, Enrique González o Gabriela Locci.

Como un buen maestro “a la antigua”, continúa sembrando su saber colaborando con escuelas e instituciones internacionales en las que adquirió su técnica como el CIEC o Casa Falconieri, o en la Central Academy of Fine Arts de Pekín, la Fundación Pilar y Joan Miró de Mallorca o la rumana Universidad de Arte George Enescu.

Foto cedida por el CIEC

Y la investigación; siempre la investigación, desde su tesis doctoral sobre La serigrafía de áridos con vehículos aglutinantes de base acuosa,  a partir de la cual ha centrado su labor de artista. Que solo merece ser así llamado quien renueva cada día su inquietud en busca de nuevos horizontes para su arte. De ahí que su obra se abra a partir de cada conocimiento adquirido como en una espiral ascendente. Una larga escala cuyos peldaños se basan en sus nuevos hallazgos en texturas y soportes y que tiene puertas siempre abiertas por las que invita -o más bien incita- a sumarse a esa búsqueda a sus alumnos de acá o allá.

En Betanzos
Al entrar en la sala del CIEC, llama la atención la armonía visual que la muestra ofrece al primer golpe de vista. La obra expuesta, apenas una docena de grabados, es de una austeridad cromática casi monacal; vive en la tríada blanco-rojo-negro. En música, la base de la armonía son las únicas tres notas, primera-tercera-quinta, necesarias para construir un acorde perfecto. Y, al igual que unos pocos acordes de tres notas se desarrollan con otras añadidas de acuerdo a las leyes musicales, la tríada cromática de la obra de Arteagoitia se enriquece con sus matices y los equilibrios cambiantes de sus densidades y volúmenes.

Foto cedida por el CIEC

Y con las texturas. Los grabados de Arteagoitia se basan en una materialidad que les permite ofrecer una relación casi escultórica a quien los contempla. Porque la materia está presente, no simplemente representada: en el carborundo, que redimensiona la obra hacia el volumen físico; en el papel y sus sugerencias táctiles -especialmente las de los grabados estampados “a sangre”, en los que se se estampa el papel completo, hasta su borde mismo-. Y así, el artista hace que el papel mismo se exprese a través de  la irregularidad natural de la fibra y las anfractuosidades de sus bordes sabiamente rasgados

Foto cedida por el CIEC

Bordes que devienen en puertos de una costa rocosa desde los que el espectador puede zarpar hacia un viaje interdimensional capitaneado por el autor sobre la firmeza de sus trazos negros. Viaje en el que se verá mecido por el suave oleaje de los pesos y volúmenes cambiantes. Y en el que se asomará -a través de la transparencia como de vidriera de sus blancos- a la pasión ricamente matizada por la sangre de sus rojos.

sábado, 2 de abril de 2016

Cuando un amigo se va...





Parecía un post más en el Facebook. Una mala traducción de máquina que de entrada te hace sonreír...

Yo soy la persona más feliz en este mundo.
Acabo de ganar el 3 er cuerno en la audición
Orquesta Real del concertgebouw de Amsterdam!!!!
Sí!!!!!!!!!!

E inmediatamente te hace pensar. Se va... Naturalmente que se va. Nuestro solista de trompa Jose Sogorb se va ¡a la Orquesta del Real Concertgebow!

José Sogorb | Foto OSG

Entonces, justo entonces, revives lo que sentiste en ocasiones semejantes, cuando te enteraste de que se marchaba un puntal de esa orquesta que te hace gozar y sentir la música cada semana. Y es cuando uno no puede por menos de tener un vértigo de pensamientos y sentimientos.

Sentimiento de ausencia presentida; porque pierdes a un gran músico, como Jose Sogorb, que te impresiona por su técnica y te emociona por esa enorme suma de fuerza y sensiblidad  que irradia su música. De pena porque se aleja de tu vida diaria alguien con quien en poco tiempo has llegado a compartir muchas ideas y sentimientos. Y de alegría. Porque alquien a quien has llegado a querer alcanza una meta; aunque en este caso sea lo que en lenguaje ciclista se llamaría una meta volante, porque a Jose Sogorb aún le quedan muchos logros al alcance de su mano.

José Sogorb 

Estoy seguro de que los sentimientos que expreso en estas líneas son compartidos por muchos buenos aficionados. Enhorabuena, Jose por este paso en tu carrera. Gracias por este tiempo tuyo en A Coruña en el que tantas emociones que nos has hecho vivir con tu música. Y gracias también a quienes te seleccionaron para la Sinfónica: por su buen criterio profesional y su mejor olfato para captar tu valía humana. Ojalá los conserven para elegir a tu sustituto.

¡Ah! Te recuerdo que tenemos pendiente una paella...

A mis amigos legaré cuando me muera 
mi devoción en un acorde de guitarra
 
y entre los versos olvidados de un poema,
 
mi pobre alma incorregible de cigarra.
 

(A mis amigos, Alberto Cortez)