martes, 31 de enero de 2017

Y la atención volvió a condensarse





A Coruña, Real Academia Galega de Belas Artes, 24 de enero. Programa: Ludwig van Beethoven, Geister trio en re mayor, op. 70 nº 1; Antonín L. Dvořák, Trio nº 4 en mi menor, “Dumky”, op. 90. Artemis Ensemble: Deborah Gonsalves, violín; Berthold Hamburger, violonchelo; Alicia González Permuy, piano


La Real Academia Galega de Belas Artes Nosa Señora do Rosario viene organizando desde hace años, conjuntamente con Artemis Ensemble, un ciclo de conciertos a favor de asociaciones benéficas de la ciudad con un notable éxito de participación de público. La entrada es gratuita: a la puerta del salón de actos  se instala una mesa en la que se entrega el programa del concierto a los asistentes, que pueden dejar su contribución a la ONG o asociación en una urna dispuesta para recoferlos.

El concierto del martes 24 tuvo como protagonista al conjunto Artemis Ensemble en su formación de trío. Estos dos  miembros de la Orquesta Sinfónica de Galicia e impulsores de estos ciclos están también  implicados en diversas actividades didácticas. Por su parte, Alicia González Permuy, profesora de piano en el Conservatorio Superior de Música de A Coruña, es colaboradora habitual de la OSG y ha trabajado con orquestas como la Ciudad de Granada o la Sinfónica de Bilbao.

El Geister trio (Trío fantasma) tuvo un primer movimiento, Allegro vivace e con brio, de genuina fuerza beethoveniana, aún más densa a partir de su sección más lenta. Los sentimientos del Largo assai ed espresivo tuvieron hondura y los unísonos de violín y chelos, pasión y explosividad sabiamente contenidas en el apoyo del piano, acabando en un pianissmo lleno de delicadeza. En el Presto, retornaron las oleadas de fuerza características del de Bonn, especialmente sentidas como una llamarada interior muy bien expresada en los pizzicati de las cuerdas sustentados por el piano de González Permuy.

González Permuy (iz), Gonsalves (c) y Hamburger (dcha)


Después de apenas unos minutos de descanso para los intérpretes, éstos atacaron la interpretación del Trío en mi menor, Dumky”, de Dvořák. Obra grande en extensión y concepto a la que algunos han llegado a llamar el segundo concierto para chelo del de Bohemia. Su sobrenombre es el diminutivo plural de Duma, nombre de una danza ucraniana de carácter melancólico, generalmente en modo menor y, en su uso en música clásica, frecuentemente rematada en un apéndice más alegre: un brusco cambio de carácter hacia la euforia del que es un ejemplo paradigmático estre trío de Dvořák y que se invierte en el quinto, Allegro – meno mosso (quasi tempo primo),

La versión de Artemis Ensemble tuvo la grandeza y el virtuosismo que requiere la gran obra. Desde el Lento maestoso inicial, una especie de magia sonora irradió del chelo de Hamburger para transformarse en el Allegro quasi doppio movimento en la gracia del violín de Gonsalvez y la fuerza interior del piano de González Permuy. Y así durante los seis tiempos del trío, desde la solemnidad de un sereno duelo con que comienza el segundo, Poco adagio, a la brillante grandeza del Lento maestoso – Vivace con que remata esta obra maestra.

Todo un recorrido por el más auténtico Dvořák que a los más veteranos nos hizo recordar la presentación de Artemis Ensemble –hace ya más de veinte años en el Teatro Rosalía Castro- cuando desde el principio del concierto muchas espaldas se separaron de los respaldos de sus asientos y se produjo, como el martes en el salón de actos de la Real Academia Galega de Belas Artes, esa especie de condensación de la escucha que sucede cuando se presiente con certeza que algo grande está a punto de ocurrir.