viernes, 30 de junio de 2017

Música para un pintor de películas





El viernes 26 de mayo se celebró la gala inaugural de [S8], VIII Mostra de cine Periférico, en el Palacio de la Ópera de A Coruña con la proyección de del Fausto de Friedrich Wilhelm Murnau (Bielefeld, Westfalia, 1888 - Hollywood, 1931), en copia restaurada por Luciano Berriatúa (Madrid, 1949). La proyección fue acompañada de la música compuesta por Jesús Torres (Zaragoza, 1965) y estrenada en 2009, en el Teatro de la Zarzuela, por la Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por José Ramón Encinar (Madrid, 1954).

La música Escrita por Jesús Torres no es la música “del Fausto de Murnau”: no es música incidental y, menos aún, una mera ilustración sonora de lo que se ve en pantalla. El Fausto de Torres es un encargo que el talento creador del compositor convierte, y utilizo sus propias palabras, una “música para la proyección de la película de F. W. Murnau”. Y aunque la suya es una música para el filme, no se habrá entendido si no se comprende previamente que también lo es desde el filme. Sobre todo habida cuenta de una característica esencial de todo el cine de Murnau.


Jesús Torres
Dice Berriatúa -miembro de la Asociación Española de Historiadores de Cine- que la verdadera vocación de Murnau –que, por otra parte, fue siempre reconocida por el cineasta alemán- fue la pintura. Desde ese punto de vista, el cine fue para él una técnica plástica, una nueva forma de pintura en movimiento que le permitía trasladar sus ideas a imágenes, apurando así su visión expresionista del arte. Su Fausto, como la mayor parte de su obra, responde perfectamente a esta vocación y ello se hace sentir a lo largo de los 107 minutos de su metraje.

Desde esta inspiración de la película, se entiende a la perfección el enfoque de Torres, en una obra inspirada por la estética y significado del filme pero no servidor sonoro de éste. La obra de Torres parece escrita desde la perspectiva visual del espectador del filme y le acompaña en su captación de las imágenes con una serie de sugerencias visuales elaboradas desde la partitura.

Ya en la escena inicial -la disputa entre Mefisto y el arcángel Miguel en las alturas del Cielo- “se  ve” desde el registro grave de los metales, subrayando ese punto de vista con lo que bien podemos considerar como un contrapicado audiovisual. Se produce en toda la obra una especie de desdoblamiento entre el hecho visual y el sonoro comparable al que pudiera experimentar una persona en lo que se ha dado en llamar autoscopia externa [1].

Escena de Fausto en contrapicado

Así, ambas obras transcurren en un cierto paralelismo expresivo, creo que voluntariamente incompleto y lleno de elasticidad, que les hace coincidir sólo cuando Torres decide. Son esos momentos-pico que toda obra necesita y que permiten al autor graduar y repartir adecuadamente el impacto de una música en su auditorio. Ambas obras se acercan se van acercando o separando al modo en que la catenaria de una red ferroviaria va pasando de uno a otro lado del trole de una locomotora.

El Fausto de Torres tiene una estructura de gran suite en nueve escenas, que se corresponden con los nueve grandes episodios de la película pero que tienen su propio desarrollo que hace coincidir esos momentos-pico antes mencionados con los pasajes de mayor tensión expresiva de ésta. Por una parte, los pasajes más dramáticos de vientos y percusión: la muerte del profeta es muy significativa en este sentido. Por otra, destaca el lirismo que Torres logra imbuir a los de mayor intimidad.

Rótulo de Fausto


Y, en ese trancurrir semiparalelo de música e imagen, se destacan momentos de gran belleza sonora, como cuando Mefisto propone a Fausto “un día de prueba” de su pacto; o la luminosidad de las campanas tubulares sobre la oscuridad del registro grave del piano. Otro gran momento es cuando el subrayado de las flautas otorga al vuelo de Fausto sobre la capa de Mefisto una preciosa sensación de levedad y ligereza.

También la ironía que subraya la doble relación, Gretchen/Fausto y Mefisto/Tía Martha en la escena Llega el amor, subrayada por el contraste entre lo sonoro y lo visual con música de un carácter cambiado frente a la escena del filme. Y que viene a resultar uno de los momentos cumbre de la partitura con el enorme lirismo del canto de los violines solistas.

Escena de Fausto


Y, como compendio final, dos momentos en los que la música de Torres brilla en todo su esplendor. Uno, el rechazo de Gretchen y posterior muerte de su hijo resulta toda una bajada sonoraa los infiernos . El segundo, la música de la última escena, La resolución final: esas dos voces sólo vocalizadas, sin texto,  que elevan el ambiente como siguiendo al alma de Fausto en su ascenso a la salvación en un gran crescendo emocional. Y el gran crescendo sonoro desde los laterales del escenario elevándose sobre el sonido de la caja y su brusco final, que dejan en todo lo alto las sensaciones causadas por una excelente partitura.

La interpretación tuvo la calidad que sólo se puede esperar cuando se unen elementos de la categoría artística idónea: en este caso, la dirección de un gran maestro -sobre todo en lo contemporáneo- como Encinar y una orquesta de la calidad de conjunto e individualidades como la Sinfónica de Galicia. La larga ovación del público de A Coruña fue el mejor refrendo a una sesión en la que lo visual, la música y la interpretación tuvieron la excelencia como nivel.





[1] Es la facultad o acto de verse delante de sí mismo, en estado de vigilia física ordinaria. En el ámbito de la psiquiatría se usan más las denominaciones como “alucinación autoscópica” o “doble autoscópico”. 

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