26 noviembre, 2017

Ecléctico; con E de emoción




20.11.2017, Vigo, Auditorio Afundación. Camerata OSG. Director, Wladimir Rosinskij. David Villa, oboe; Ruslana Prokopenko, violonchelo; Francieco Regozo, viola.


La posibilidad de asistir a un concierto fuera de los circuitos habituales, especialmente si obliga a salir por unas horas de la propia “zona de confort”, es algo siempre estimulante. Una tarde-noche, si se sabe aprovechar, da de sí más de lo que indica su resumen: un viaje en tren a Vigo leyendo poemas de una poeta amiga -siempre sugerentes de nuevas canciones-; una breve charla en la que renovar esencias de la relación con un viejo amigo y un concierto en un local distinto de los habituales para escuchar el trabajo de una agrupación a la que viste nacer y a la que desde entonces no habías vuelto a escuchar en directo. Unas horas que en su conjunto refrescan el ánimo y, por las emociones vividas, alegran el espíritu.

La Camerata OSG inició su andadura en noviembre de 2013 con un concierto en el Teatro Filarmónica de Oviedo. En estos cuatro años, el grupo ha madurado al tiempo que mostraba en diversos escenarios su capacidad; algo que en el concierto del lunes 20 le ha permitido ganar la batalla a la extraña acústica de la sala pequeña del Auditorio Afundación, que transmite mejor los pequeños ruidos que el sonido de conjunto y solistas.

Rosinskij, Villa,  Camerata OSG
El programa tuvo la ecléctica amplitud temporal y estilística de su propósito: “difundir obras para pequeña orquesta de cámara, intentando abarcar un repertorio lo más ecléctico posible”. Estas características exigen un considerable esfuerzo adicional de concentración de los intérpretes en el plano emocional de su interpretación, no siempre apreciable por parte del público. Pero por la variedad que aportan facilitan y amenizan la escucha.

Objetivo logrado que les permite llegar al público tan habitual de las sociedades filarmónicas: abundante de personas que por su edad sería habitualmente muy conservadora, pero con un buen porcentaje de verdaderos melómanos bien capaces de apreciar la música de reciente composición. Exactamente, lo que manifestó el público que asistió al concierto de la Camerata OSG en Vigo con su acogida a la obra de Wladímir Rosinskij que cerraba la primera parte del programa.

La velada se había iniciado con el Concierto para oboe y cuerdas en la menor, RV 461 de Antonio Vivaldi (1678 – 1741). La interpretación de David Villa, plena de adecuación estilística, ofreció todo el color, calor y sentimientos que ofrece la escritura vivaldiana, desde la serena alegría o vivacidad de los movimientos extremos a la elevada dulzura de su canto en el Larghetto central. Algo que contradice en absoluto la célebre frase de Stravinski, luego convertida en tópico, según la cual el responsable de las orquestas de los hospicios del Ospedale della Pietà “escribió un solo concierto que repitió cientos de veces”.

David Villa

Su interpretación fue el mejor precalentamiento de espíritus del auditorio de cara al resto del programa, empezando por la obra que siguió a su intervención. Y es que Rosinskij extrajo de la tierra en que hunde su raíz la obra de Alexander Glazunov (1865 – 1936) la savia que recorre cada ramificación de su Tema y variaciones para orquesta.

La hondura del tema en registros grave de la cuerda en el tema inicial, tocado sulla tastiera, tuvo su continuación en la serenidad del canto de los violines en la primera variación sobre el pizzicato del resto. Luego destacó el buen hacer del conjunto en el afable diálogo, el vigor rítmico casi danzante de las variaciones centrales y el serenísimo final, que predispuso a la escucha del Grave para chelo y orquesta de Jiří Antonín Benda.

Con ésta obra llegó el momento de la emoción más honda, emanada de la partitura del compositor bohemio en manos de Ruslana Prokopenko. Desde el registro grave de su chelo al inicio de su interpretación llegó la onda de su redondo sonido; luego, al elevarse a las notas agudas del instrumento, su gran capacidad expresiva, siempre al servicio de la partitura, puso los corazones en un puño, recibiendo una sonora ovación de los filarmónicos vigueses.

Ruslana Prokopenko 

La última obra antes del desccanso fue Una alucinación... variante dos y está escrita por el propio director de la agrupación. El “tema pseudobarroco” inicial que la abre da paso a una composición con toda la personalidad de la obra rosinskiana. Su característica originalidad temática se manifiesta desde el primer compás con una especie de “afinación reservada” entre los solistas, pronto desmentida: un sorprendente principio que relfeja el peculiar humor del autor.

La creación de ambientes oníricos –o alucinatorios, como reclama el título de la obra- está presente a lo largo de toda ella. A ello contribuyen varios factores: la variedad y tensión rítmica típica de Rosinskij, el tratamiento armónico con algún punto de acidez sonora en sus estimulantes disonancias; el diálogo entre distintos, entre rivales –casi una proclamación de principios en Rosinskij desde su Concierto Misterio-; un cierto sarcasmo con algo de descreimiento, continuas sorpresas y un excelente dominio de la instrumentación.

Éste se manifiesta tanto en las partes del grupo como en las de los solistas: en aquél,  esas sirenas como de alarma o fábrica antigua, quién sabe si como huellas de la juventud vivida en su tierra natal; en las respuestas de las secciones a los solistas o entre ellas; en episodios explosivos aquí o allá o en unos latidos en las cuerdas del contrabajo que pronto se disuelven en el grupo para reaparecer marcando el pulso del sereno, casi silente, final de la obra.

Villa, Prokopenko, Rosinskij y Camerata OSG

Las partes solistas son de una exigencia extrema y plasman la inquebrantable confianza en ellos de un autor que al componer siempre piensa en los intérpretes a que destina cada trabajo. Así surgen de la forma más natural del oboe unos temas que llegan a alcanzar una belleza extremadamente emotiva.

Así lo hace  el canto del chelo, cuya demanda técnica incluye prácticamente toda variedad posible de ataques de arco, falsos armónicos y otros puntos expresivos, que la inquietud compositiva de Rosinskij precisa para dar salida a sus impulsos creativos. Villa y Prokopenko estuvieron a la gran altura requerida por la obra, la misma que suelen mostrar en sus intervenciones solistas con la Sinfónica de Galicia.

Tras el descanso, Francisco Regozo hizo gozar también de her mosísimos momentos a traves del buen sonido que extrae de su viola y su gran capacidad como intérprete. La Trauermusik (Música de difuntos) de Paul Hindemith (1895 – 1963), una suite para viola y orquesta es un exponente del dominio del instrumento por parte de su autor, eminente violista, además de compositor y musicólogo.

Francisco Regozo

La serenidad de las notas iniciales del primero de sus cuatro movimientos se ve periódicamente rota por accesos de dolor pronto contenidos, lo que se repete con diferenrtes matices en el segundo y restantes. Regozo expresó todos esos sentimientos con el poderío y el terciopelo de su registro bajo -semejante al del mullido tanino de un tinto de cuidadísima crianza que presentara la madera idóneamente integrada en los aromas de la fruta- y el brillo y destellos propios de un Godello en sus medios y agudos. Y todo ello servido en la mejor copa de su depurada musicalidad.

El violín de Dominica Malec expresó con calidez el calmo lirismo en la primera parte del Aria y baile para cuerdas de Frederick Delius (1862 – 1934) muy bien secundada por la Camerata OSG. La segunda parte tuvo tranquila expresión y el encanto del de una danza de carácter rural.

El Romance en do para cuerdas, op. 42 de Jean Sibelius (1843 – 1957) reflejó la vivencia de alguno de los más oscuros momentos de la vida de su autor aun salpicado aquí y allá del hermoso pero inquietante brillo de una aurora boreal. La versión de Rosinskij y la Camerata fue hermosa y lleana de todo el sentido de la obra, arriba descrito.

Acabar con música de Edvard Grieg (1843 – 1907) es siempre un acierto de programación. Especialmente si se trata de alguna de sus suites para orquesta. La programada en el concierto de Vigo fue la Suite Im  alten Style, aus Holbergs Zeit. Idónea regulación dinámica, precioso sonido y fidelidad a la partitura fueron las coordenadas qudeslde als que Rosinskij y su grupo crearon un delicioso ambiente arcaico en el que el auditorio de la Filarmónica de Vigo se elevó a una temperatura de verdadera calidez artística.

Saludo final de la Camerata OSG

Esta calidez. manifestada en los largos aplausos del público fue recompensada con una propina bien fuera de los usos habituales, llena de ritmo y swing, que hizo exclamar a algún empedernido melómano: “Así se remata un concierto”. 

Nada que añadir.


NOTA: Todas las fotos están tomadas de un vídeo de Antonio Cid durante el concierto de la Camerata OSG, con el mismo programa, para la Sociedad Filarmónica de Lugo


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